ASOCERRO
“Yo amo al cerro,
porque nací en el cerro, me crié en el cerro, y me eduque en el cerro. Y mi
primer mal paso lo di en el cerro, pero con qué ganas me mudaría pal' Cara…cas Country
Club”. Así terminaba el Sketch de Asocerro, uno de los personajes icónicos del
humor venezolano: “Malula”. Esta “parodia” que mostró -sin pudor ni filtro- lo complejo que puede ser una asociación de vecinos venezolana, se
mimetizaba con la realidad de manera tan increíble que, por momentos, era difícil distinguir donde se desarrolla la escena humorística; si en las
calles del país o en el set de grabación.
No obstante, la escena
presentada durante muchos años en la Radio Rochela destilaba realidad por los
cuatro costados, fue simplemente una parodia que trataba de emular lo acontecido en cada rincón de la sociedad venezolana. Es decir, desacuerdos,
intereses particulares, personalismos, desinterés; en fin, todos esos “pecados”
sociales que nos llevaron a transitar nuestro nefasto y crudo presente, cargado de hambruna, miseria, corrupción, descomposición social y muertes, cóctel que ha provocado -sin
exagerar- casi el exterminio de los ciudadanos. Una cosa es reír de un remedo y,
otra muy distinta, es sufrirlo en carne viva.
Salvando las
distancias, en Miraflores desde el ‘98 se instaló una mala parodia de gestión
pública. Un tinglado mamarracho de “payasos” crueles que, hasta hoy día, se han
burlado del estado de derecho, la sociedad y de cada precepto legal que forjaba
a Venezuela como una república; claro, con problemas profundos pero en
definitiva, república democrática. El inmenso lodazal que el chavo-madurismo
tiró encima del país, ha ensuciado y ahogado las esperanzas de dar el salto de
calidad al desarrollo nacional. La ciudadanía tratando de sostenerse de unos
piolets que casi no pueden incrustarse del futuro de piedra que se postra en
frente de sus rostros, trata de sobrevivir al propio estilo cavernícola. No es
hiperbólica esa aseveración, cuando vemos caer -cual pétalos de flor marchita- a
niños del hospital JM de los Ríos por no tener medicinas e insumos.
Bien lo dijo George
Orwell: “Nadie instaura una dictadura para salvaguardar una revolución, sino
que la revolución se hace para instaurar una dictadura.” Ese aforismo describe
letra a letra el plan que Chávez urdió, acompañado y promovido por un grupo de
empresarios, militares y advenedizos que se conjugaron para hacerse de las
riquezas de Venezuela. A diferencia de Asocerro, este manojo de ladrones solo
buscaba el beneficio particular sobre el perjuicio de las mayorías.
Indiscutiblemente, luego de dos décadas de infamia sociopolítica, la
nauseabunda “revolución bolivariana” y su mosaico criminal de ideologías, se
encuentra bajo el lindel de la puerta de salida a la espera del puntapié final.
Tras varios meses de
negociación -porque no le quepa duda querido lector, Maduro tuvo sobre su mesa
varias opciones de salida consensuadas- el régimen optó por el camino de la
usurpación y la dictadura formal, al no ceder a ninguna de las propuestas
presentadas. Ciertamente, la información ofrecida por el Washington Post no
solo refleja los escenarios que maneja EE.UU. y la comunidad internacional,
sino que describe las tácticas acostumbradas por el gobierno americano, cuando
necesita hacer implosionar autocracias. Es decir, filtra información de
divisiones internas para socavar apoyos, lealtades y germinar las desconfianzas,
para así debilitar las coaliciones dominantes.
La Desmesurada vanidad
y egolatría de Maduro y quienes le acompaña en este atajo de usurpación, han
provocado el rechazo mundial a las pretensiones
chavo-maduristas de atornillarse en la presidencia hasta el fin de los tiempos.
Ya ninguna suposición tiene cabida, pues, todo ha quedado descubierto. El dictador
despojado de su máscara deja ver su desfachatez y talante autocrático
algo que, sin dudas, tendrá consecuencias contundentes. Claro está, el último
empujón lo debemos dar cada uno de nosotros junto a la Asamblea Nacional y la
comunidad internacional, para lograr estructurar una transición efectiva.
Las exigencias de los
tremendistas de verónicas y faroles de rodilla en tierra no tienen cabida, ya
que como buenos banderilleros siempre están detrás del burladero y nunca en el
ruedo. Debemos apoyar a la Asamblea Nacional, institución que ha recibido el reconocimiento de la región y del mundo entero. Las transiciones no se decretan por Twitter. Toda transición
se sustenta en cuatros pilares políticos fundamentales: Estrategia,
organización, ejecución y participación. Sin falla uno de estos, la senda del
fracaso es segura y desastrosa. Al final del drama, Maduro levanta la mano” en un "TSJ" que
resulta más ilegal que él mismo como presidente. Por supuesto, a pesar de ese bochornoso espectáculo rodeado de charreteras y ropajes judiciales, Nicolás Maduro ha sido juramentado por una mala parodia de Asocerro.
Miguel Peña G.
@miguepeg

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