El Orden de los Factores






Resulta incomodo hablar de elecciones, sobre todo, cuando existe una tiranía que nos envuelve como pitón constrictora, que nada más busca asfixiarnos y engullirnos, pues somos una presa fácil. En todo caso, el problema no es que la Asamblea Nacional prepare con tiempo lo que representa, sin dudas, una tarea ardua. Es decir, cambiar el CNE, depurar el REP, defenestrar todo el entramado tramposo y burocrático que el régimen ha perfeccionado entorno a las elecciones. Los deseos organizativos y cuadriculados de realizar las estrategias de manera dogmática no cuajan en la política, más aún en la venezolana.

El miedo social que subyace como falla geológica, mueve las agujas y los infinitos medidores sísmicos, cuando alguien asoma la vía electoral como solución final a la desgracia que nos atormenta. En su desesperación, la gente se abraza con fuerza a lo que, según ellos, es la única opción sobre la mesa de EE.UU. y de la comunidad internacional: La intervención militar, humanitaria, o el nombre que usted le quiera dar. Cuando los halcones norteamericanos mencionan en cada discurso: “todas las opciones están sobre la mesa”; se debe entender, literalmente, lo que eso conlleva. Es cierto, la opción militar se maneja muy a fondo, nadie puede decir lo contrario, pero también, es justo destacar que la alternativa pacífica, negociada y electoral se baraja en cada una de las sesiones públicas, privadas y de petit comité que se desarrollan diariamente.

El sector financiado desde el exterior asoma de forma ramplona, que es mejor la llegada de los marines a resolver la situación. Quizás, en definitiva, la única manera de sacar al régimen sea a la fuerza, sin embargo, esa decisión no significa que no se puedan agotar cualquiera de las vías posibles, antes de llegar al punto de no retorno de enviar el primer contingente de soldados de la coalición. La fugaz idea militar como único recurso, es atizada desde las mismas fraguas de la antipolítica, esa que no descansó hasta acabar -por todos los medios- con la democracia y los partidos. No hay que ser vidente o adivino de feria, para darse cuenta de que el germen que trajo a Hugo Chávez a la palestra pública, sigue deambulando en el ambiente como espora maligna.

Ciertamente, de la ruta establecida por el presidente Guaidó para salir de Maduro, el cese de la usurpación ha sido el objetivo más espinoso. Claro, no es fácil quebrar una coalición mafiosa que se guía bajo los más infames males que aquejan a la humanidad contemporánea: terrorismo, narcotráfico y lavado de dinero. Tan nauseabundos y efectivos han sido los tentáculos de la revolución chavista, que una institución tan honorable y justa como la otrora Cruz Roja Internacional, ha caído seducida por los brillos incandescentes de los dineros de una nación, que gritan en cada bolívar que se regala, que pertenece a una sociedad hundida en la miseria; una vergüenza la posición de la Cruz Roja.

Amén de lo difícil del primer punto del axioma “guaidodista”, la AN trabaja cada día de la mano con la comunidad internacional, en preparar los otros puntos del vértice que conforman la salida definitiva del régimen. Por un lado, el gobierno de transición comienza a consolidar políticas en algunos espacios claves, que sirven para blindar la gestión de gobierno del Presidente Encargado. El formal arribo a la silla de la OEA del embajador, Gustavo Tarre Briceño, es un paso importante al reconocimiento de la transición que ha comenzado en Venezuela. La aceptación de cada uno de los embajadores en distintos países conforma, igualmente, un avance positivo en el rescate de la libertad y la democracia del país.

Al mismo tiempo que la transición se acomoda, el tema de las elecciones libres -igual de complejo que la salida de Maduro-, va sentando bases para las próximas y definitivas elecciones presidenciales; si, leyó bien. Es una táctica correcta de la AN iniciar desde ya, la conformación del nuevo CNE y de todo el sistema electoral venezolano, esta vez no estaremos desprevenidos. El orden de los factores no altera el producto; las matemáticas no se equivocan. Si bien, en política no siempre dos más dos resultan cuatro, hay que analizar de manera concienzuda y sin las tripas, cada uno de los escenarios lógicos que se decantan por si solos.

La últimas declaraciones y afirmaciones de Eliot Abrams determinan, sin un ápice de dudas, el futuro venezolano que se acerca. Mientras cesa la usurpación, se trabaja sin descanso en desarrollar de manera efectiva los otros dos objetivos que, claramente, permitirán concretar el primero. Mientras el régimen se preocupa y apunta su energía en defender su búnker para que no la saquen de Miraflores, la estructura democrática se afianza sin contemplación y con mucha rapidez, a pesar de que en lo mediático, se dibuja lenta y parsimoniosa; no se puede declarar todo. A fin de cuentas, quien dijo que esa no es la estrategia.

Miguel Peña G.
@miguepeg

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