Caurentena Obligada




Cualquier político que tenga un desliz, un ataque repentino de amnesia, o directamente desconozca, por los motivos que sea, como se bate el cobre en un país que sobrevive a una crisis tan dramática como la venezolana, debe dar un paso al costado por un tiempo, o  sencillamente, colgar los guantes. No es materia para debatir en una cafetería, bajo estas circunstancias no hay tiempo de sobra que permita enderezar capotes ajenos y propios. Eso lo entendió el presidente interino al asumir como debía, la torta de los dos asesores de su equipo. Aunque la grada bajaba y bajaba el pulgar pidiendo sus cabezas, Juan Guaidó se tomó el tiempo y la serenidad que este tipo de descalabro amerita.

 

Que nadie se confunda. La decisión de recibir las respectivas renuncias de Rendón y Vergara, no son obra del comunicado de Primero Justicia, ni mucho menos, de la estrategia comunicacional emprendida por AD a través de los Poleos (padre e hijo). Si bien es cierto, el presidente no podía dejarse sorprender por una chapuza militar de este calibre, la manejó como lo hubiera hecho cualquier presidente en ejercicio. Es decir, investigar hasta dónde llegaba la magnitud del problema, no tomar decisiones apresuradas y escuchar la versión de los involucrados, tres pasos necesarios para poder hacer los correctivos pertinentes y el acostumbrado control de daños. Algo normal en cualquier gobierno decente.

 

La cuarenta obligada pone a todo el mundo de cabezas y con tripas aceleradas. Por supuesto, con veinte años acostumbrados a ver como se desgobierna por Tv, ahora se pretende que la administración y la gestión de un atípico gobierno interino, se haga en una mesa de domino pública con 30 millones de mirones de palo. Si después de ser testigos de como el régimen montó, preparó e infiltró la supuesta operación Gedeón, no entendemos que las acciones y estrategias que emprende la presidencia encargada y la misma AN, tienen que estructurarse bajo el más estricto cuidado de confidencialidad, no merecemos estar en el frente de lucha. La situación requiere un liderazgo juicioso 4x4, no llorones circunstanciales.


La cuarentena obligada e impuesta con cifras adulteradas, no puede quitarnos el buen juicio. Ciertamente, es oportuno reconocer que la fulana operación Gedeón y todo el manto oscuro que la cubre, ha sido el revés político más importante que Juan Guaidó ha tenido en lo que va de año y medio de gobierno interino. Es una situación difícil de sortear, porque se junta con el desespero y la rabia del venezolano que deambula sobre un país totalmente paralizado. La extensión del decreto de emergencia a causa -según el régimen- del COVID-19, se convierte en una excusa conveniente para tapar la creciente escasez de combustible. Los expertos petroleros aseguran que, el problema de gasolina no podrá resolverse, mientras Maduro siga en el poder.

 

A medida que la herida causada por el chavismo se profundiza y se hace mortal, las opciones que se tenían sobre la mesa se van descartando una a una. En este momento y luego de la cantidad de posibilidades pulsadas, solo una carta es la que se deja ver como solución final a esta situación abstracta. Usted, estimado lector, es lo suficientemente inteligente, como para darse cuenta de cuál sería esa opción, no necesita que la escriba o alguien la grite a los cuatro vientos. Solos no podemos resolver este problema mayúsculo en el que estamos. Hay que olvidarse del apoyo militar venezolano. La táctica y estrategia verde oliva ha sido alienada por el aparato de espionaje del régimen, los pocos oficiales institucionales ya ni cuenta se dan cuando están montados en la olla.

 

El país es víctima del ostracismo criminal de la dictadura. La cuarentena obligada nos ha mostrado -en lienzo roto- el futuro que nos espera si no se establece de forma rápida el gobierno de emergencia nacional. La evidencia del sometimiento es brutal. Las colas en las estaciones de servicio se encuentran plagadas de borregos, que prefieren soportar humillaciones del corrupto administrador del combustible, antes que perder su puesto en la fila. La dolarización de facto ha cumplido su cometido, todos danzan al son que toca el sucio Washington. Tristemente, las estrofas del himno nacional se han convertidas en letra muerta.  Mientras esto ocurre frente a nuestras narices, se escriben dos páginas oscuras de este drama. La primera, encumbra a los causantes de la guerra en Petare como tendencia mediática, en una sociedad que se ha dejado quitar los espacios por la nueva casta dominante, el hombre nuevo vestido de rojo. La segunda, el ataque feroz del sinrazón a la academia de las ciencias, esto último, representa la declaración final de guerra. Vienen a por todos.

Miguel Peña G,

@miguepeg





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