El Tren ya salió




@miguepeg

Durante años, los micrófonos rojos nos repitieron hasta el cansancio que el Tren de Aragua era un fantasma, una invención mediática diseñada para manchar la imagen del país. Sin embargo, el ruido ensordecedor de los recientes bombardeos dentro de nuestras fronteras hizo añicos esa ilusión. El régimen, desbordado por el monstruo que dejó crecer, no tuvo más remedio que colaborar con EE.UU. para ejecutar ataques en nuestro propio suelo y aniquilar a los delincuentes que controlaban la minería en el sur del país. Es una ironía amarga e ineludible: los mismos que negaron sistemáticamente la existencia de esta megabanda, hoy han tenido que tragar arena y admitir su presencia de facto.

Con la caída de esas bombas, también se volvió cenizas el intocable altar de la "soberanía". ¿Cuántas veces vimos a ciudadanos ser perseguidos y encarcelados bajo la severa acusación de traición a la patria por el simple hecho de pedir ayuda internacional o sugerir intervenciones? Ese pesado discurso nacionalista se derrumbó por completo ante los ojos del país. Si esta jugada, además de la aniquilación táctica en el terreno, busca en el fondo neutralizar esa desgastada narrativa y desarmar el tabú del apoyo extranjero, hay que admitir algo con absoluta frialdad analítica: es una maniobra magistral. Esto afianza más el regreso María Corina.

Pero la memoria en la política es terca y no perdona. Mientras el polvo se asienta y las cúpulas intentan reescribir su guion en tiempo real, a muchos se nos refresca un capítulo reciente que el poder intentó borrar. Hoy queda nuevamente muy demostrado que el gobierno interino, en sus horas más álgidas, cooperó y tendió puentes con EE.UU. para lo ocurrido el 3E. Lo que ayer fue condenado en cadena nacional como el peor de los sacrilegios, hoy se revela como una táctica validada por el propio régimen cuando la supervivencia está en juego.

Mirando hacia las oscuras entrañas del inframundo, el panorama es de un colapso inminente. Este conglomerado criminal que llegó a exportar el terror está, sin lugar a dudas, en su fase terminal, desangrándose por las fracturas y las traiciones internas. El destino de su líder es la radiografía perfecta de esta decadencia: o el Niño Guerrero fue entregado en bandeja de plata por sus propios colegas de delitos que alguna vez le juraron lealtad absoluta, o el otrora intocable jefe lo hizo crecer está hoy más débil, solo y acorralado que nunca. Los códigos del hampa se rompieron.

 He visto desmoronarse muchas verdades absolutas en el periodismo y en nuestra historia política reciente, pero esta fractura tiene el peso de lo irreversible. Las piezas del tablero se han movido con una crudeza que deja al desnudo la fragilidad de quienes juraban tener el control total del territorio. Al final, el estruendo de esta operación no solo perforó los escondites de la banda, sino también la burbuja de la propaganda del régimen. A los venezolanos, curtidos ya de tantos espejismos, nos queda la certeza de que la realidad siempre termina llevándose todo por delante; y esta vez, el tren ya salió.




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